El fin de una era
La muerte llega con su guadaña; como quien corta el trigo arrasa con todo lo que quiero, a los que conformaban mi presente, ahora mi pasado. ¿Es que me tengo que acostumbrar a su presencia, o mejor dicho a sus arrebatos? ¿A que me arrebate mi mundo una y otra vez y se quede tan tranquila, regresando cuando le plazca?
Mi historia se desvanece al tiempo que expira el último aliento de quienes quiero. Pareciera que mi pasado se destruye como el puente colgante que se derrumba conforme pasan los últimos andantes. Yo he sido la última y a mis espaldas sólo veo un puente derruido que no me permitirá regresar jamás a lo que viví y conocí alguna vez como mi familia.
Temo que los recuerdos se desvanezcan con el tiempo, que al pasar los días, meses y años se vuelvan imágenes tan sutiles que casi sean imperceptibles. No habrá entonces lugar a dónde regresar para revivirlos, ni quien los recuerde más que yo. Me aferro a las tradiciones, como único resquicio de lo que alguna vez fue un imponente fuerte, que me resguardaba y protegía. Me encuentro a la intemperie, hacia adelante como único sentido de movimiento, no hay opción a regresar, no hay lugar alguno para hacerlo. Temo seguir avanzado y observar la estela de ruinas que queda a mi paso, aunque, ya debería estar acostumbrada.
Muchachos. Mis mejores momentos fueron con ustedes. Gracias
