¿Quién quiere madurar?
Curioso, asumimos la madurez como virtud cuando en realidad es el yugo del virtuoso. Madurar significa perder la inocencia, la capacidad de sorpresa, es adaptación e inserción al sistema. Integrarse a la sociedad adulta con su resignación, sus responsabilidades y monotonías. Acabar con la utopía de tu mundo feliz, darte cuenta de la diferencia entre sueños, realidades y alcances: eso es madurar. Lo peor es que llegar a la madurez, suele ser uno de esos viajes sin retorno.
Pero no se me deprima mi querido lector, que el mundo no se acaba con la madruez. Conlleva también la tranquilidad de la estabilidad y la certeza de la seguridad. Dejar de planear para actuar y cosechar. Darte tiempo de disfrutar los frutos y no presionarte tanto con los anhelos. Al final son etapas y todas tienen su encanto ¿no?
