Se busca familia para perrita abandonada
Se acerca el final del semestre y con él los inevitables cambios. Unos se regresan a su país y otros cambian de casa, el caso es que mi piso queda vacio de nuevo y hay que buscar nuevos 'roomies', más bien, otra familia. Últimamente me he acostumbrado a cambiar de familia como de ropa y eso no me gusta. Me encariño y se van, lo triste es que resurge de nuevo ese sentimiento de ausencia de pertenencia, tan importante en la pirámide de Maslow; "pertenecer", ser parte de algo, importarle a alguien.
Hace poco me di cuenta que no busco tanto una pareja como una familia, una de verdad. Es tal vez huir de la soledad, tal vez porque esa señora ya me aburrió, es muy voluble a veces me resulta un remanso de paz y otras es el pretexto de todos mi vicios.
Disfruto la soledad cuando me reconozco, cuando extralimito mis alcances y me demuestro que me puedo fortalecerme día a día. Pero la odio cuando me hunde en depresiones que me llevan al suicidio paulatino. Cuando me lleva a destruirme, a engullir mis problemas con sabor a chocolate para pasar el trago, después ya no es sólo chocolate, sino pasta, carne, pan, dulces, pasteles... atasco de comida mi cuerpo como engullendo a presión. Es entonces cuando la odio, porque no tengo a quién pedir auxilio, porque no hay nadie cerca que se percate de mi autodestrucción y quite mi pie del aceledrador. Porque de nuevo, en algún lugar del precipicio tengo que autorrescatarme de nuevo.
Sin embargo, tengo que aceptar que yo nunca lo hago, hay Alguien que me salva, su único defecto es que no lo puedo ver, ni sentirme abrazada o apapachada por Él, sé que existe pero a veces se esconde. Confío en que ésta vez pueda evitarlo.
Por fin llevo tres semanas a dieta estricta y eso me motiva aunque también me saca de quicio, a veces tengo tan maaal humor. Entiendo aquello de "los gorditos felices" claro! todos los problemas se los comen, pero cuando no los puedes comer y los tienes que encarar... Duele.
