¿Feliz Navidad?
Sigo luchando contra la inercia de la modernidad, contra esta nueva tendencia que marca el rechazo a la Navidad como lo “in”, pero me empiezo a preocupar; estoy a dos días del día “D” y el espíritu navideño nada que me llega. Tal vez sea por la pérdida de dos personas muy importantes desde siempre en mi vida. De alguna forma me es difícil concebir la Navidad sin su presencia. Tal vez tengo miedo de dejar fluir ese espíritu en mi porque en el fondo se que también lágrimas fluirán por mis mejillas. Sin embargo; aún albergo la esperanza. Espero en el fondo de mi corazón ese milagro de Navidad que siempre nos llega a la familia. ¿familia? Ilusa yo que aún sigo pensando en ella cuando me encuentro en un... ¿periodo de transición? Me pregunto cuánto puede durar un periodo de transición? Yo, ya llevo tres años y contando, y no tengo para cuando terminarlo en realidad.
De pronto pienso y recuerdo lo afortunadas que fueron mis navidades frente a la chimenea, con mi familia; o aquellas que convocaban a propios extraños en grandes fiestas de abundante comida, bebida y sobre todo alegría. Pienso en los días previos a la “gran noche” en que mi mamá y nosotros nos dedicábamos a cocinar.
Adornar la casa tomaba dos días, las tradiciones persistían en casa. Religiosamente cada año, como parte de un ritual, mi mamá sacaba libro de oro: una agenda de 1984 en que había ido escribiendo sus recetas de cocina, todo sucio y manchado de salsas varias. El mismo que año con año le prometía capturar en ordenador y nunca lo hacía. En la cocina, ya con todos los ingredientes en la mesa, procedíamos a pelar, cocer, desmenuzar y preparar. Era parte del ambiente navideño. La casa, adornada cual bazar navideño, se inundaba del calor de los vapores de las ollas con olor a bacalao, romeritos, pavo, y todo ello acompañado de amenas pláticas. Recordando años pasados, evaluando lo que había ocurrido durante ese año, haciendo pronósticos para el venidero. Después de 20 años con el ritual casi inalterado mi vida entro en esta etapa de “transición”.
La nostalgia llega antes que el espíritu navideño y le temo, porque la extraño, porque la añoro. Sé que no me puedo quedar en el pasado, los dos últimos años no han sido del todo desagradables pero aún así me faltan, primero ella y ahora me faltaran ellos. Los muchachos. Sus hijos y mis hermanos. Viene un nuevo año, nuevos festejos, diferentes, únicos e irrepetibles. Hoy, no sé cómo será esta Navidad; sin pavo, sin comida, sin la familia que estuvo conmigo por 20 años. Aquí estoy yo, tratando de recobrar ese espíritu navideño que una vez sentí en la piel desde un mes antes de nochebuena y ahora dos días antes no logró encontrar. Espero que llegue.
